Capítulo tercero: Juego Interno y Actitud


¿Qué es el Juego Interno?

Para hacer las cosas bien, antes de aprender a hacerlas es imprescindible trabajar primero sobre nosotros mismos a un nivel interno y más profundo, ya que todo lo que sintamos internamente será lo que transmitiremos con nuestro lenguaje corporal, y marcará nuestra forma de actuar frente a una mujer al intentar seducirla. Algo que sorprende a la mayoría de hombres que se inician en el estudio de la seducción es la importancia que tiene el poseer un buen juego interno, cuando se preguntan por qué las técnicas no les funcionan igual de bien que a otros seductores más experimentados.

Esto se podría comparar al dicho de «no se puede empezar a construir la casa por el tejado». Este es el principal motivo por el cual sólo un número muy reducido de estudiantes llega a alcanzar un nivel aceptable en la seducción. El problema es que conocen en profundidad la teoría básica, pero carecen de una base interna sólida para llevarla con éxito a la práctica, desmoronándose como castillos de naipes ante el menor contratiempo que se les presenta.

El juego interno es todo lo que sentimos interiormente cuando estamos con una mujer, transmitiéndolo al exterior a través de nuestro comportamiento y del lenguaje corporal. Cuando una persona no posee un buen juego interno, las mujeres lo perciben como algo evidente. Por ejemplo, si siente nervios, la forma inconsciente que tiene nuestro cuerpo de exteriorizar lo que está sintiendo en ese momento sería con un temblor, o quizás hasta un tartamudeo. Cuando estás con una mujer que te gusta y no tienes un buen juego interno, te invaden esos nervios que producen el miedo y la necesidad y que te impiden disfrutar de una agradable interacción.

Diario 7

Hay un término conocido como «pavoneo» que consiste en llamar la atención de la gente utilizando una apariencia llamativa o exótica para destacar en un entorno concreto. Me había fijado en que Putoamo y Guardián utilizaban siempre el pavoneo en sus salidas. Putoamo solía llevar una corbata blanca muy finita y un collar también blanco, como esos que puedes encontrar en la playa, con piedrecitas, Guardián llevaba sombrero y un colgante con un símbolo de metal, y me di cuenta de que yo no llevaba nada. Ni siquiera había caído en ese detalle porque nunca había practicado con personas que conocieran la seducción.

Incluso algunos seductores, los más atrevidos, se pintaban la raya de los ojos, se ponían piercings y usaban ropa llamativa. Estuve preguntando a los compañeros del foro, pidiendo consejos sobre este tema y buscando referencias por Google. Al final encontré al inventor del término «pavoneo», que no era otro que Mystery, el maestro del pavoneo. Decidí que tenía que dar un toque seductor a mi anticuado vestuario y llamé a mi primo Carlos para que me acompañara a varias tiendas en las que vendían ropa moderna y accesorios para hombre.

Me compré una camisa morada con brillo que me encantó nada más verla, para combinarla con una corbata blanca y fina como la de Putoamo. También me compré varios anillos y una pulsera ancha de cuero estilo rockero, además de un colgante con diferentes abalorios que le daban un toque antiguo. Ya estaba listo para pavonearme como mis compañeros y hacer mi imagen más llamativa y atractiva para las mujeres. Y quizás así alguna me hiciese más caso o incluso se acercase ella a mí.

Ese día me lo pedí libre en el trabajo. Comí en casa de mi primo, con mi tía y una chica americana que se llamaba Virginia. Era de Washington, tenía la piel clara, el pelo largo y liso, ojos castaños y una sonrisa de dientes blancos y bien colocados. Era guapísima. Mi primo Carlos y su amigo Ángel llevaban días hablándome de ella, y hasta que no la vi en persona no les di la razón. Se me ocurrió invitarla a salir por Madrid, ya que en un par de días tenía que volver a Estados Unidos, y además era una oportunidad de oro para practicar un poco mi pésimo inglés.

Ella aceptó encantada al saber que era el primo de Carlos. Quedamos en salir el sábado por Madrid. Iría a recogerla a casa. Llamé a Bruno para contarle que había quedado con Virginia y que necesitaba que me hiciese el favor de acompañarme a recogerla con el coche a la casa de mi tía y luego ir todos a Madrid, donde quedaríamos con Putoamo y Guardián para que les conociese.

Tenía que aprovechar la ocasión para estrenar mis nuevos accesorios y sacar del armario mi ropa de seductor. Me puse la camisa morada con unos pantalones vaqueros y zapatos. Le pedí a mi padre que me ayudara con el nudo de la corbata, con los anillos, la pulsera y el collar, ya estaba listo para salir. Mirándome al espejo me sentía raro. Verme con todos aquellos accesorios que nunca antes me había puesto era algo diferente. Me veía extravagante, quizás un poco fuera de lugar, pero así eran las cosas. Tenía que ver cómo me sentía seduciendo y cómo reaccionaban las chicas. Bruno pasó a recogerme y fuimos a buscar a Virginia. Estaba verdaderamente impresionante. La había conocido sin arreglar y me había parecido preciosa, pero ahora, con un vestido de noche y maquillada, a Bruno y a mí se nos caía la baba.

Fuimos al centro de Madrid, a la plaza de Santa Ana, donde nos reunimos con Putoamo y Guardián, que también alucinaron con la belleza de Virginia. Decidimos ir primero al O´Neill´s, un bar irlandés de dos plantas que estaba muy de moda y que se llenaba de extranjeros todas las noches, bebiendo cerveza Guinness. Virginia parecía un poco cortada, y era normal, allí sola con todos nosotros, cuatro tíos bastante raros — porque parecíamos de todo menos normales —, pero poco a poco se fue relajando y divirtiendo en nuestra compañía.

Terminamos en el Mikonos, donde ella se tomó un par de copas y empezó a desinhibirse, como suelen hacer todas las guiris que salen de fiesta por España: beber hasta emborracharse y así poder hacer sus locuras y pasarlo en grande. Como yo no bebía alcohol, me daba perfecta cuenta de que era un momento ideal para aprovecharme de la indefensa Virginia, que se dejaba querer, se reía como una niña, saltaba, bailaba y no paraba quieta: era una locura verla. Quería besarla y enrollarme con ella, pero me vino a la cabeza la imagen de la amiga de Sandra, una chica con la que me había enrollado en carnavales cuando estaba con unas copas de más, aprovechándome de la situación en mi beneficio, y me di cuenta de que eso no era seducción. Si me enrollaba así con Virginia, no sólo podía sentirse mal e incómoda a la mañana siguiente, sino que yo sabría que no había sido algo «legal», que seguía haciendo lo que había estado haciendo hasta el momento: aprovecharme de las situaciones en vez de saber jugarlas.

Al final decidí que era mejor no hacer nada. Bruno se había tomado algunas copas y no estaba en situación de conducir. Le dije que había que llevar a Virginia a casa, y él me dijo que si quería podía llevar su coche hasta mi casa mientras a él le bajaba un poco el alcohol que había tomado para poder acercar luego a Virginia. Nos despedimos de Putoamo y Guardián, que decidieron quedarse un rato más en la Fontana de Oro, un local que a última hora se llenaba de guiris borrachas porque era uno de los pocos que cerraba a las seis de la mañana. De camino al aparcamiento, Bruno cogió de la mano a Virginia, que iba bastante perjudicada, nos subimos en el coche, yo al volante y ellos dos en el asiento de atrás. Di por sentado que acabarían enrollándose.

Al menos era lo que Bruno llevaba intentando toda la noche, y Virginia, en el estado en el que estaba, no creía que le pusiese ningún impedimento. Pero a pesar de todo no se enrollaron, Bruno no se atrevió a lanzarse. El miedo a besarla fue más fuerte que las ganas, y estaba seguro de que si se hubiese lanzado y la hubiese besado, podría hacerse acostado con ella fácilmente en el descampado que había al lado de mi casa. No paso así. Yo no lo intenté porque no quería aprovecharme de una chica bebida, y Bruno no se atrevió a besarla por miedo al rechazo. Así quedó mi primera noche de seducción con mi nuevo vestuario: había vuelto a casa sin besar a una chica que me encantaba, pero al menos sabía que podría dormir tranquilo porque había sido fiel a mis nuevas ideas y estaba empezando a pensar y a actuar de una forma diferente a como lo había estado haciendo.

El miedo y la necesidad

Para dar un paso de gigante en tu aprendizaje como seductor es vital que conozcas lo que no está funcionando y que estás haciendo mal a la hora de seducir a las mujeres. La respuesta a estas dos cuestiones se resume en dos conceptos: el miedo y la necesidad. El miedo es lo que te impide avanzar cuando deberías hacerlo, y la necesidad es lo que te hace avanzar más de la cuenta cuando deberías detenerte. Es algo que estás viviendo a cada momento de tu vida, y si te paras a prestarle atención comprobarás que se repite una y otra vez.

El miedo es lo que te impide hablar con esas mujeres que tanto te gustan. Es lo que no te deja mantener la mirada y sonreír, ni tampoco hablar con soltura con una mujer a la que acabas de conocer. En una infinidad de situaciones en las que te gustaría desenvolverte mejor con las mujeres, no eres capaz de hacerlo por culpa del miedo.

La necesidad te lleva a ser incoherente. Hace que lo intentes demasiado. Te hace hablar más de la cuenta cuando deberías estar callado, o estar pendiente y buscar su aprobación, entre otras cosas. Si muestras necesidad, antes o después te pasarás de la raya y ella se sentirá agobiada, desaparecerá de tu vida y sumarás una frustración más en tu larga lista de fracasos.

Uno de nuestros objetivos es trabajar sobre estos dos conceptos para conseguir erradicarlos de tu vida, y así mejorar tus relaciones con las mujeres de una vez por todas. Libérate del miedo que te impide avanzar con naturalidad cuando estás con una mujer y aumenta la autoestima para sentirte a gusto en su compañía. No sientas la necesidad de forzar la situación hasta el punto donde quieres que llegue: déjala fluir y disfruta de la magia de la seducción entre un hombre y una mujer, sin sentir miedo ni necesidad, y las mujeres harán cola para estar contigo.

Diario 8

La Comunidad de Seductores americana se había fragmentado completamente en dos partes bien diferenciadas, y que muy poco tenían que ver la una con la otra, aunque sus objetivos fuesen los mismos. Por un lado estaban los seguidores de la «seducción rápida» de Jeffries, basada en el uso de la PNL y la hipnosis, y en el otro lado se encontraban los seguidores del Método Mystery, que tuvo su mayor crecimiento y popularidad cuando Mystery, junto con Neil Strauss, conocido como «Style», y varios alumnos que habían asistido a sus primeros seminarios, formaron lo que se conoció como Proyecto Hollywood.

Alquilaron un lujoso chalet en Hollywood donde asistían miembros de la Comunidad de todas partes del mundo para participar en los talleres prácticos que impartían Mystery y Style en las discotecas de Los Ángeles. Cuando parecía que las cosas no podían ir peor para Jeffries, y su popularidad en la Comunidad americana decrecía por momentos, sufrió otro gran revés cuando, después de la división, se produjo la separación y el distanciamiento de Eben W. Pagan, conocido en la Comunidad primero como «Sisonpyh» («hypnosis» al revés) y a partir de 2001 como «David DeAngelo». Era uno de sus mejores y más antiguos alumnos, pero por varias diferencias con Jeffries decidió finalmente separarse de este y recorrer su propio camino, compartiendo sus propias ideas y teorías, creando una nueva alternativa a las ofrecidas por Jeffries y Mystery.

DeAngelo era empresario y experto en marketing y ventas. Decidió orientar estas habilidades al ámbito de la atracción de mujeres, y dejó de lado el uso de la PNL y la hipnosis de Jeffries para confiar más en lo que él denominó «Cocky & Funny» (engreído y gracioso). Se basaba en que había comprobado que las mujeres se sentían especialmente atraídas hacia el tipo de hombres que mostraban una personalidad C&F. Es decir, los que poseían unas características notables de liderazgo, confianza, humor e independencia, que les hacían mostrarse con un toque arrogante y divertido que tanto atraía a las mujeres. La figura del C&F David DeAngelo la descubrió simplemente basándose en la observación directa de los seductores naturales.

Uno de los mayores problemas con los que se encontró DeAngelo al compartir su método de seducción fue que la mayoría de los hombres no disponían de un conocimiento profundo del comportamiento y la psicología femeninas, lo que les hacía obtener peores resultados con ellas. DeAngelo se consagró como maestro de la seducción publicando su metodología para seducir a las mujeres, con el título de Double Your Dating (Dobla tus citas). No sólo Mystery y David DeAngelo destacaron como nuevos maestros de la seducción dentro de la Comunidad americana. También empezó a sobresalir Wayne Elise, conocido con el apodo de «Juggler», uno de los miembros más antiguos de la Comunidad junto con Jeffries. También fue, después de Mystery, el segundo seductor en impartir seminarios y talleres prácticos en Estados Unidos, con una metodología que nada tenía que ver con ninguno de los tres anteriores.

Juggler basaba su método en la conexión emocional con las personas, evitando el uso de cualquier material preparado, que no facilitaba la conexión entre hombre y mujer. Se basaba en la tensión sexual entre los dos, partiendo de la conversación, ayudado por un toque de diversión. Es lo que Juggler llamaba «ciencia del carisma». Esta Comunidad de Seductores que se hacían llamar a sí mismos Pick-Up Artists (artistas del ligue), en la que iba ganando cada vez más peso y fuerza el Método Mystery sobre el resto, y en la que se daba por concluido el monopolio de Jeffries, al poder optar los nuevos y antiguos miembros por otras metodologías diferentes para seducir a las mujeres, se hizo mundialmente conocida en 2005 a través del periodista y escritor Neil Strauss.

Ejercicio práctico para eliminar el miedo y la necesidad

Para deshacernos del miedo y la necesidad haremos hincapié en cómo hacer las cosas correctamente. Porque si conoces diferentes formas de acercarte a una mujer, cómo conversar con ella y cómo besarla, que son los momentos más críticos de la interacción a la hora de seducir a una mujer, no deberías sentir ningún tipo de miedo ni de necesidad. Ambos vienen producidos en la mayoría de las ocasiones por pura ignorancia. Por el contrario, si tienes conocimientos sobre un tema en concreto, te mostrarás siempre más seguro en ese ámbito. Pues con la seducción pasa exactamente lo mismo.

Aunque en ocasiones no basta con saber cómo hacerlo, y en esos casos recurrimos a recursos y técnicas de autoayuda y psicología, como pueden ser la PNL (la programación neurolingüística), la EFT (técnicas de liberación emocional) o la autohipnosis, entre otras. Para facilitarte el camino voy a enseñarte un sencillo ejercicio de EFT, que utiliza la técnica del tapping para su aplicación práctica en nosotros mismos o en los demás. El tapping consiste en golpear repetidamente con la yema de los dedos índice y corazón en determinados meridianos energéticos del cuerpo. El objetivo es movilizar las emociones negativas para que dejen de perjudicarnos. No te preocupes si no conoces la técnica: no es necesario dominarla en profundidad para realizar este ejercicio. Te iré guiando paso a paso para que puedas realizarlo en cualquier situación y lugar, siempre que sea necesario.

Este ejercicio de tapping se puede aplicar en situaciones en las que el miedo te produzca una ansiedad incontrolable, como puede ser cuando te acercas a hablar con mujeres muy atractivas. Cuando entres en una discoteca llena de gente y veas a un par de chicas que te parezcan realmente guapas, lo habitual es que empiece a crecer en ti cierta ansiedad paralizante que te seca la boca y hace que te suden las palmas de las manos. Quieres acercarte a hablar con ellas, pero no sabes cómo hacerlo y el miedo se apodera irremediablemente de ti. Justo en ese momento aprovecha para fijarte bien en todo lo que te rodea, el local, la música, el lugar donde están ellas y cualquier cosa que consideres necesaria para recordar ese momento de ansiedad antes de realizar el ejercicio. Ahora ya dispones de una imagen mental de la situación que te ha producido ansiedad. Lo que tienes que hacer a continuación es dirigirte al baño y buscar una cabina que no esté ocupada, donde puedas permanecer unos momentos a solas y tranquilo.

Siéntate en la tapa, si la hay, o permanece de pie, como prefieras. Recuerda la situación de ansiedad que acababas de experimentar. Cierra los ojos y revívela con todo lujo de detalles en tu mente. Imagínate a ti mismo acercándote con decisión a ellas para iniciar una conversación. Ayúdate de cualquier elemento (sonido, imágenes, sensaciones) para sentirte como si estuvieses allí, para hacer la imagen mental lo más real posible. Con esto conseguirás alcanzar el punto máximo de ansiedad, algo necesario para poder combatirla.

Si lo estás haciendo correctamente, sentirás la sensación de ansiedad reflejada en alguna parte de tu cuerpo. Hay personas que notan una presión en el pecho, otras un cosquilleo en el estómago, o un ligero temblor, mientras que a otras les sudan las manos o se les seca la boca. En ese preciso momento debes comenzar a golpear repetidamente con las yemas de los dedos en la parte blanda que hay en el dorso de la mano, entre la muñeca y el dedo meñique. Si eres diestro, hazlo sobre la izquierda, y si eres zurdo, en la derecha. Al mismo tiempo repite en voz alta o interiormente la frase: «Aunque siento esta ansiedad, me relajo y me acepto completa y profundamente». Hazlo un mínimo de tres o cuatro veces. Lo que consigues al repetir esta frase es romper el estado de ansiedad producido por el miedo, y superarlo a través del ejercicio de tapping.

Una vez hecho esto, respira durante unos segundos y repite de nuevo la frase, pero cambiando el punto donde golpeas. Ahora con los dedos índice y corazón vas dando pequeños golpecitos en el índice de la otra mano, luego en el dedo corazón y luego en el meñique, saltándote el anular. Cuando termines con la mano, cambia la frase por «Este estado de ansiedad», que tienes que repetir mientras vas golpeando los puntos meridianos del cuerpo por este orden. Sólo hay que hacerlo con una mano.

1. Al final de las cejas, a la altura del entrecejo.
2. Debajo de las sienes, a la altura del ojo.
3. Debajo de los ojos, junto a la nariz.
4. En la concavidad del labio superior.
5. Debajo del labio inferior, por encima del mentón.
6. En la clavícula, casi en el centro del pecho.
7. Debajo de la axila, donde comienzan las costillas.
8. Vuelves de nuevo al punto inicial, en la parte blanda del dorso de la mano, donde comenzaste a golpear.

Este es el ciclo de los puntos meridianos que debes golpear. Lo más importante es que no dejes de repetir la frase mientras golpeas todos los puntos uno detrás de otro. Te recomiendo que hagas varias pruebas cuando estés cómodamente en casa, para recordar los puntos. Si se te olvida algún punto, no te preocupes: hará el mismo efecto. Al golpear estos puntos y repetir la frase una y otra vez, lo que estás consiguiendo es desconectarte por unos momentos de tu parte racional, que es la que ha creado la situación de ansiedad producida por el miedo. Al conectar con la emoción negativa a través del ejercicio estás permitiendo que la ansiedad se vaya disipando hasta que deja de afectarte.

Como puedes ver, es un ejercicio de tapping aplicado a la seducción que te llevará menos de dos minutos realizarlo y que podrás aplicar en cualquier situación que te produzca ansiedad. Y aunque cuando salgas del baño esas chicas ya no estén allí, no tienes que preocuparte, porque la ansiedad habrá desaparecido y a partir de ese instante conocer mujeres será mucho más sencillo.

Diario 9

Las cosas no siempre eran tan bonitas como parecían. A medida que me introducía más profundamente en la seducción, empezaban a aparecer cosas que me entristecían: los malos rollos entre seductores, que en un principio me habían pasado totalmente desapercibidos, pero que cada vez se hacían más evidentes. Cuando descubrí la existencia de la Comunidad estaba tan sobrepasado por los acontecimientos que no era capaz de fijarme en los pequeños detalles que iban apareciendo cada vez de forma más constante. Era como descubrir de la noche a la mañana que en el armario de tu casa se encuentra el mundo de Narnia, pero en vez de seres fantásticos, había chicas que te hacían caso y te escuchaban, que reían tus ocurrencias y no te daban largas. Un lugar donde eres capaz de conseguir lo que quieras.

Al principio estaba completamente eufórico, con un subidón impresionante de adrenalina, como un niño cuando encuentra en el fondo del cajón un juguete nuevo del que no se había percatado hasta ese momento, y se vuelve de un día para otro su juguete favorito. También es verdad que estaba aún empezando y todavía me sentía lleno de dudas e inquietudes, de preguntas que necesitaban respuesta, una respuesta sincera y clara a todo lo que pasaba por mi cabeza. Al parecer no todos habíamos descubierto la seducción de la misma forma. Ni me había parado a pensar un solo segundo que pudiesen existir otros maestros de la seducción repartidos por el mundo. En esos momentos estaba empezando a conocer poco a poco la Comunidad. A medida que leía sobre seducción mi euforia inicial se iba rebajando cada vez más.

La seducción se presentaba como un gran abanico de posibilidades, que se iba abriendo poco a poco, mostrando al principio sólo una parte y, a medida que iba aprendiendo, iba viendo más y más. Llegó un momento en el que creía haberlo visto todo, pero entonces aparecía algo nuevo para sorprenderme. En los primeros tiempos había visto tan sólo la punta del iceberg. Después aparecieron en escena Arcángel y Putoamo. Investigando un poco más di con Víctor Malvado, un seductor inglés afincado en Madrid que también impartía talleres de seducción utilizando un estilo bastante directo y con técnicas de PNL. Más tarde descubrí a Naxxos, un seductor colombiano, psicólogo que se había colocado en cabeza como un referente de seducción en Latinoamérica. Luego di con el Foro de Seduccionistas, y por último di con los seductores americanos más famosos del momento.

Así se iba abriendo mi abanico de posibilidades, que parecían no tener fin. Pero había algo que me preocupaba, y era que a medida que descubría nuevas cosas me iba dando cuenta de que algo no encajaba. Al principio había pensado que era una comunidad en la que reinaba el buen rollo. Cuando publicaba mis primeros post en los foros y la gente corría a ayudarme y a darme respuestas, todo parecía positivo. Sin embargo, enseguida empecé a observar que la gente se criticaba duramente entre sí. Incluso muchos no se podían ni ver, y con sólo citar el nombre de la otra persona empezaban a discutir. Era una locura.

Desconocía los motivos de cada persona para opinar negativamente sobre otra, y tampoco me interesaba saberlos. Bastante tenía con mis preocupaciones. No quería participar de esa parte negativa de la seducción en la que era tan fácil caer. Prefería mantenerme al margen y seguir creyendo que los cuentos siempre tienen un final feliz, y que todo en la seducción era maravilloso, como al principio. Incluso las calabazas que me daban las mujeres. Al parecer en el foro había compañeros que no podían aguantarse y casi siempre estaban discutiendo. Uno de mis sueños era ver la Comunidad española unida, todos juntos trabajando con un mismo objetivo, dejando de lado las peleas, las envidias y la competencia. Pero se hacía difícil cumplir ese sueño utópico y establecer un proyecto en común para ayudar a todas las personas que entraban cada día a la Comunidad y que poco a poco iban descubriendo la seducción, como era mi caso.

Los coleccionistas de la seducción

Desde que había descubierto la Comunidad de Seducción Internacional me había dedicado a buscar información sobre nuevos seductores, sobre sus teorías y métodos. Era impresionante observar la cantidad de maestros de la seducción que existían, y cada uno proclamaba un método totalmente distinto al de los demás, aunque todos con el mismo fin: seducir a las mujeres. Aparte de Style, Mystery o David DeAngelo había otros como Gunwitch, Badboy o Tyler Durden. Gracias a mis compañeros Putoamo y Guardián seguía conociendo a los más relevantes y con más peso en la Comunidad, abriendo mis horizontes de conocimiento de una forma increíble en menos de un año dentro del mundo de la seducción.

Echando un ojo por Internet di con el blog personal del criticado Ross Jeffries, titulado Ross Jeffries Uncensored, el cual me enganchó rápidamente por sus opiniones sin pelos en la lengua sobre la seducción. Jeffries afirmaba que durante el tiempo que llevaba en la Comunidad había conocido a muchos estudiantes de la seducción, de un tipo particular, a los que denominaba «coleccionistas». Son los que se dedicaban a coleccionar información sobre seducción, webs de seductores, libros, vídeos… pero no hacían nada con esa información. Tenían los conocimientos necesarios pero no eran capaces de llevarlos a la práctica con las mujeres. Sólo se dedican a coleccionar, a aprender más y más sin ningún resultado.

Lo único que conocía de Jeffries era la interpretación que había hecho Neil Strauss de él en su libro, pero a medida que buscaba información por mi cuenta en su web personal me iba dando cuenta de que era una persona con muchas cosas que decir, le gustase a la gente o no. Y a mí, personalmente, la teoría de los coleccionistas de la seducción me llamó bastante la atención, porque estaba empezando a conocer muchos casos de compañeros que hacían lo mismo. Se nutrían de información sobre seducción, pero no ponían en práctica nada de lo que aprendían. Por ese motivo no llegaban a comprender del todo las cosas que leían.

Era una pescadilla que se mordía la cola. Jeffries intentaba con sus críticas concienciar a la gente para que dejase el coleccionismo de información y comenzase a salir de casa a conocer mujeres y poner en práctica lo aprendido. Sólo así se podía comprobar si realmente funcionaban las técnicas o sólo era algo que sucedía en los libros. Cuando empezaran a practicar, dejarían de ser coleccionistas para convertirse en seductores.

Tus peores enemigos: los cinco miedos básicos

En los años que llevo estudiando la seducción he podido descubrir cuál es el principal problema que impide a un hombre seducir a una mujer. En todos los hombres, en mayor o menor intensidad, aparecen cinco miedos que le boicotean cuando intenta ligar. He trabajado duramente para aprender a eliminar estos miedos y así poder enseñar con efectividad a otros hombres cómo seducir con éxito a las mujeres. El objetivo es la eliminación completa de estos miedos, utilizando para ello técnicas de autoayuda como las que he citado en el apartado anterior. He comprobado que si sabes cómo hacer algo, el miedo irá remitiendo progresivamente hasta desaparecer, y te convertirás en un experto seductor, irresistible para las mujeres.

Antes de seguir avanzando quiero presentarte esos cinco miedos y mostrarte cómo te han estado perjudicando sin que te dieras cuenta. Alégrate por haber llegado hasta aquí, pues el simple hecho de ser consciente de que estos miedos existen ya es un gran paso para trabajar en su desaparición y seguir hacia delante en tus renovadas y futuras relaciones con las mujeres.

1. Miedo a no saber cómo iniciar una conversación. Es el primer escollo en el camino, y uno de los miedos más notables cuando queremos ligar con esa chica guapa que tanto nos gusta. Está ahí mismo, al alcance de tu mano, pero no sabes cómo acercarte a ella y eso hace que te veas incapaz de hacerlo. Empiezas a ponerte excusas, pensando que te rechazará, momento en el que aparecen los nervios y la ansiedad se apodera de ti. Al final no te decides a dar el paso de acercarte y ella se marcha con sus amigas, sumando una nueva frustración en la lista, que te deja con un terrible sabor de boca.

2. Miedo a no saber qué decir. Si por suerte, o gracias al alcohol, has conseguido superar el primer miedo, y te has acercado a esa chica, rápidamente hará su aparición en escena un nuevo miedo. A la vez que hablas con ella, estás demasiado preocupado de que no se aburra, y temes quedarte en blanco. Querrás seguir hablando por todos los medios mientras la angustia te atenaza la garganta. Empezarás a ponerte nervioso y echarás por tierra la interacción, marchándote de allí lo más rápido posible y quedando fuera de juego.

3. Miedo a que te vea como un amigo. Está claro que tú no quieres más amigas. Lo que quieres realmente es seducirla y acostarte con ella. El problema surge cuando, por no haber creado tensión sexual entre vosotros, te mete dentro del grupo de los amigos, lo que quiere decir: «Con este chico no voy a tener nada». Y esto te frustra tremendamente, viendo una vez más cómo el chico que es el premio se va con la chica, y tú no has podido hacer nada para impedirlo. Para cualquier seductor, convertirse en el eterno amigo de las mujeres es peor que el más duro de los rechazos.

4. Miedo a besarla. En contadas ocasiones, sin saber cómo ni por qué, suena la campana y te encuentras de casualidad en ese punto en el que sientes que le gustas. Los dos estáis cómodos hablando y riendo juntos. Lo estáis pasando realmente bien, y cualquiera que os vea pensará que ya es tuya. Tú también lo crees así, pero no te atreves a besarla: hay un miedo que te impide hacer lo que tienes que hacer. El beso se te presenta como un momento complicado, como tirarte a la piscina desde un trampolín demasiado alto. Ves la piscina abajo, pero lo complicado es decidirse a saltar. Al final haces acopio de valor y te lanzas a besarla como un delantero que cabecea el balón a gol. Ella aparta la cara sorprendida, porque no se esperaba que la fueses a besar así de repente. En ese momento te pones rojo y quieres que te trague la tierra. Os sentís tremendamente incómodos y todo se va al traste. De nuevo estás fuera de juego cuando ya tenías el partido ganado.

5. Miedo al éxito. Es el último miedo, al que sólo unos pocos consiguen llegar, pero no por ello menos importante. Es el miedo que se apodera de ti al pensar que puedes perder a la chica después de haberla seducido, después de haber superado correctamente todos los pasos anteriores. Este temor te hace mostrar necesidad y empiezas a llamarla más de la cuenta. Le mandas mensajes para hacerle saber lo mucho que te gusta, y al final caes en una monoítis hasta que ella, al sentirse agobiada, termina desapareciendo. Estos cinco miedos son la clave de todo para mí, el Santo Grial de la seducción, la diferencia entre el éxito o el fracaso con las mujeres. En el apartado de seducción básica, que verás más adelante, te enseñaré cómo combatir estos miedos, para decirles adiós para siempre. Darás entonces la bienvenida a una nueva etapa de ilimitado disfrute con las mujeres como no viviste antes.

1 comentario:

  1. Hola david, me he introducido en este mundillo hace poco, empece ha leer sexcode hace dos semanas y el metodo lo leí hace un mes o así. Empece con muchas ganas de aprender pero poco a poco me esta pasando una cosa que supongo que le habra pasado ha muchos, me siento perdido totalmente: hay tantos metodos, tantas opiniones (usar o no usar material enlatado, mario luna es bueno o es un mierda, la seducción es falsa o de verdad se puede aprender,etc...) esto me agobia bastante pues realmente no se por donde coger este tema, lo veo todo muy fraccionado, mucha negatividad en general, mucha competencia insana y me doy cuenta de que se mucho pero no se nada.

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